
Apostoloteca virtual
LITURGIAMANUAL
DEL SACRISTAN
4.- COORDINARSE
CON LOS RESPONSABLES
DE LAS DIVERSAS ACTIVIDADES
Todo lo que se hacer requiere la información, colaboración
eficaz y entusiasta, de varias personas. Quien debe estar mejor informado
es el Sacristán. Por eso debe preguntar y tratar de coordinar. Con
puntualidad dar las llamadas, y elaborar el programa correspondiente.
Si la Misa tiene intención, indicarla del modo conveniente.
Hay ciertas fiestas
que conviene tener en cuenta, para posible ramillete espiritual o
alguna ceremonia de solemnización: fiesta patronal de la parroquia,
celebración del santo del Señor Cura, cursos de formación para catequistas
u otros agentes, campañas de promoción de cualquier cosa, servicios
que se prestan a la comunidad. Sirve de lazo de información entre
el pueblo y el sacerdote y al revés. Lo mismo, si hay algún enfermo
que atender, él avisa al sacerdote
a)
Sacerdotes.
El presbítero es quien
preside la comunidad y su celebración en la persona de Cristo y en
nombre de la Iglesia, y quien representa y significa la unidad en
la comunidad. Anima los diversos servicios para que cumplan su razón
de ser al servicio de la comunidad.
Se pide al sacristán
ser muy cortés y respetuoso con los sacerdotes, aunque los conoce
y les tiene confianza, con mayor razón con los visitantes. Los orienta
en las costumbres propias de la parroquia, sobre todo en la Misa y
demás celebraciones.
El sacristán les avisa
con amabilidad los actos programados, o les pregunta sus posibilidades
en tiempo oportuno. El sacristán debe tener bien claro qué
se va a hacer, cuándo, cómo, y por qué.
El
saludo es el primer contacto de cortesía. Tiene todo dispuesto a los
celebrantes para que se revistan, con una disposición que facilite
la vestición, y le ayuda a revestirse (meter el alba en la cabeza,
y las mangas en los brazos; cerrar los cierres o abrochar botones,
corregir los posibles defectos que él no pueda ver, como si el alba
quedó con parte recogida o arrugada, o arrastrando, o la casulla torcida).
Le
presenta el Misal para que registre, habiendo de antemano puesto los
señaladores en el lugar más adecuado (de acuerdo a la Agenda Litúrgica
y al calendario particular). Le consulta si necesita algún
otro libro.
Tiene
botiquín a la mano por si se ocupa alguna pastilla para mareo, dolor
de cabeza o muela, alteración de presión; alcohol, etc. Le ayuda a
quitarse las vestiduras litúrgicas y las guarda.
Le
comunica la situación de la parroquia o la asamblea en tal
celebración; le indica la intención, le señala el nombre del Obispo
diocesano o del Santo Patrón, le entrega al final el estipendio, y
los recados que pueda tener.
El Sacristán es un factor
importante en la confrontación de ideas y la complementación de capacidades.
Es importante no perder la cabeza cuando no le dejan las cosas en
su lugar o no apreciaron su trabajo. Delicadeza no significa adulación,
ni fidelidad significa servilismo.
b) Equipo de Liturgia.
El
Equipo Litúrgico es el responsable de dar vida a la celebración en
la celebración mismas, promoviendo la experiencia comunitaria y la
participación. Es un ministerio cualificado de la comunidad que integra
los diversos actores de la celebración, la música y el arte. No están
para suplantar, desplazar, o sobrecargar al sacristán.
El
sacristán tiene también una función en esa celebración que ellos animan,
y por ello debe coordinarse con ellos. Conviene que el sacristán forme
parte del equipo litúrgico, para estar al tanto de las posibilidades
que se operarán y que no le tome de sorpresa o le moleste. Puede haber
así apoyo mutuo, y no competencia.
Desde
el equipo litúrgico se coordinan mejor las actividades, grupos apostólicos
y la acción de arquitecto, técnico de sonido, elaboradores de vestiduras
litúrgicas y vasos sagrados, floristas y fotógrafos monaguillos, restauradores
de imágenes, libros, cantores, etc. Se trata de ayudarse, no disminuir
con críticas los méritos ajenos, ni poniendo zancadilla.
Su
relación es de colaboración fraterna en que cada uno desarrolla sus
propias competencias, y de sensibilidad ante las necesidades de la
comunidad por su capacidad de escucha y edificación mutua.
c)
Equipo pastoral y organizadores de fiestas, campañas y jornadas
anuales.
Esta
función es por necesidad práctica de coordinación, pues ocuparán muchos
servicios del sacristán. Cuando organizadores, mayordomos, colectadores,
encargados del día, etc., marchan cada uno por su cuenta, no puede
haber fiesta liberadora ni pastoral efectiva.
Si
no hay relación de lo litúrgico con las acciones para conocer la Palabra
de Dios y con las acciones para promover la unidad, la caridad y la
organización, se hará un caos que provocará nerviosismos y derrochará
energías inútilmente. Se necesita tener un equipo, donde está el sacerdote
y el sacristán, donde se planean y programan todas las actividades,
también las fiestas.
Al Sacristán acuden
la mayoría de las personas; no conviene que esté ignorante de los
acuerdos, las actividades, o los horarios; menos aún que haga las
cosas a su modo sin tomarlos en cuenta.
d) El Pueblo
El Sacristán no debe
aislarse de la comunidad celebrante, sujeto de la celebración. Presta
un servicio en orden a elevar la calidad de la participación en el
ejercicio del Sacerdocio de Cristo.
Convoca
a los fieles con las «llamadas» de la campana; les tiene un espacio
limpio y agradable para que se sientan en su casa, puede ponerles
música ambiental, les abre y cierra las puertas a sus horas, procura
tener la iluminación y sonorización adecuada (que no dependa tanto
del paso, sino de las necesidades de la calibración o de las personas).
Coordina servicios como
colectas, celebraciones fuera de la Iglesia, vestición de ministros,
reparaciones etc.
No
olvide que es un servidor público y por tanto mira el bien común.
Es el representante oficial de su comunidad para ese oficio múltiple.
No puede moverse por criterios de favoritismos, afán de negociar,
complejo de mártir, mediocridad o rutina.
Ser paciente,
recibir con una sonrisa, ser cortés sobre todo con las damas, no considerando
a los demás como «criados», «cosas» o «rivales».
La sacristía no puede
convertirse en «mentidero público» por la pérdida de trabajo, chismorreo,
mal gusto, fraude. De la iniciativa personal y la propia experiencia
pueden salir ventajas para todos. La puntualidad fallada y el trabajo
a medias no son justos.
e)
El responsable de la Iglesia y personal de la oficina parroquial.
Tiene al corriente los
libros, informa periódicamente al sacerdote (es mejor informar
que ser controlado).
Muchas personas acuden
al sacristán para preguntar sobre los trámites de sus sacramentos
o los documentos correspondientes. Por eso el sacristán debe estar
informado y en comunicación con el personal de la Notaría Parroquial.
No se trata de una burocracia corrupta, sino de cuidar los derechos
divinos de todo bautizado y de la comunidad.
Sólo quien ha vivido
la experiencia de falta de documentos llega a valorar este trabajo.
Por eso, debe atenderse a las personas con atención y respeto, avisando
las horas de oficina, la forma de encontrar a la secretaria, o informando
sobre los requisitos.
Tiene la libreta de
las amonestaciones; de las intenciones de Misa, y a veces los borradores
de los sacramentos o el expediente del matrimonio para las firmas
de los padrinos y testigos. Anoten cuidadosamente los datos de los
servicios que piden y entreguen los documentos. Eviten confusiones
al anotar las ceremonias. Los casos extraordinarios, remitirlos al
párroco.
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