InicioComentarios
Google
 
Regresar

 

67. RITOS DE DESPEDIDA

RITO FINAL O CONCLUSIVO

            Este rito final consta de dos partes: a) El saludo y bendición del sacerdote celebrante. b) La despedida a la asamblea. Además, el sacerdote celebrante se despide del altar con un beso reverencial. Veamos cada uno.

            El saludo final:

            Puede ocurrir que el sacerdote, por sí o por otro ministro suyo, tenga que decir algo a la asamblea, antes de saludarla, bendecirla y despedirla. En este caso, lo hace en este preciso momento. Los avisos tienen aquí su lugar propio. Y en seguida saluda a la asamblea con el consabido: “El Señor esté con vosotros” al que responde el pueblo: “Y con tu espíritu”. Y el sacerdote bendice a la asamblea diciendo: “La bendición de Dios Todopoderoso Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre vosotros”. El pueblo responde: “amén”. Es su último amén, frecuentemente repetido durante la Misa, adhiriéndose y confirmando los hechos y dichos del sacerdote, como representante de Cristo y de presidente de la asamblea litúrgica. Al recibir la bendición, no está mandado que hagan los fieles la señal de la cruz (la traza en el aire el sacerdote al bendecirlos), pero sí inclinan reverentemente la cabeza, agradecidos a Dios, que es propiamente quien la imparte invisiblemente.

 

            La despedida:

            En la Misa con diácono, éste despide al pueblo, con “Podéis ir en paz” u otra fórmula parecida. El beso de despedida al altar, por el sacerdote, corresponde al saludo inicial. Ambos son signos reverenciales, juntamente con la incensación del principio, a la vez que expresan e respeto y veneración agradecidos a Cristo, a quien el Altar representa, inculca a los fieles la devoción al mismo, en todo tiempo, como ara del Santo Sacrificio. Por eso al altar se le hacer reverencia profunda siempre al pasar frente a él.

            La respuesta del pueblo: “Demos gracias a Dios”, es la forma corriente de alabar a Dios en las celebraciones litúrgicas, al terminarlas. En la Misa este rito conclusivo, a la vez que recalca la acción de gracias, de la que es expresión máxima de la Gran Acción Eucarística que se acaba de realizar en el Altar, suena a invitación encarecedora de todos los participantes, a convertir su quehacer diario en un sacrificio meritorio ofrecido a Dios Creador, Dador de todo bien, y así contribuir a que su Reino se extienda a todo el mundo: Reino de Verdad y de Vida, de Santidad y Gracia, de Justicia, de Amor y de Paz.

            Si queremos medir la autenticidad de nuestra participación en la Santa Misa, preguntémonos sinceramente si "los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo” sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez nuestros gozos, nuestras tristezas y angustias.

            Preguntémonos si caminamos juntos en una marcha ascendente, humanizante y liberadora; la marcha de la Pascua con Cristo. Sólo así nuestra celebración es auténtica.

 

            PREGUNTAS:

            1.- ¿Qué es el rito final y conclusivo de la Santa  Misa?

R.- El saludo, bendición y despedida del sacerdote a la asamblea y la invitación para que vayamos en paz a trabajar en la extensión del reino de Dios a través de nuestro diario quehacer.

Apostoloteca virtuál
Copyright © 2010 - Seminario de San Juan de los Lagos. Jalisco, México.